Las facetas del turismo

Viajar por ocio, placer o entretenimiento es una actividad relativamente reciente en la historia humana, vinculada con condiciones económicas, ideológicas, sociales y culturales que se fortalecieron en la Revolución Industrial.

Por Yassir Zárate Méndez – 

A medida que se consolidaba el estilo de vida moderno, propiciado por la disponibilidad de más tiempo para dedicarlo a tareas diferentes a la obtención de recursos para garantizar la subsistencia, con el paso del tiempo aparecieron actividades novedosas, como el deporte de masas o el propio turismo.  

El turismo sexual

Dr. Álvaro López López, del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM

A medida que se afianzaba como una práctica cultural y social, el turismo se diversificó. Del interés o gusto por conocer nuevos lugares, se ha pasado a otras expresiones; una de ellas es el llamado turismo sexual, refiere el Dr. Álvaro López López, del Instituto de Geografía (IGg) de la UNAM, quien, de entrada, explica que es la forma de interacción, sobre todo de turistas que al desplazarse a lugares diferentes al de su residencia, tienen la finalidad de efectuar intercambios sexuales por dinero. 

“Básicamente alude al trabajo sexual, al comercio sexual, al sexoservicio en contextos turísticos”, puntualiza el investigador de la Universidad Nacional, aunque acota que el turismo sexual es una parte muy pequeña de un fenómeno más grande, que es el de las interacciones entre los viajeros y el sexo en contextos turísticos, y van desde el trabajo sexual y el comercio sexual, “que sería como un extremo”, pasando por formas de interacción romántica, como las lunas de miel, hasta encuentros sexuales furtivos durante el viaje.

De hecho, recalca que las lunas de miel son formas de turismo sexual, que tratan fundamentalmente de viajes, cuya intención es interactuar sexualmente después de que las personas se casan. 

“El turismo y el sexo abarcan una gama amplia de posibilidades, aunque el turismo sexual solamente se refiere al comercio sexual; solía pensarse que quienes viajan a ese contexto eran varones, que se desplazaban a diferentes sitios con la finalidad únicamente de tener relaciones sexuales; eso se pensaba al principio, antes de los años noventa”, sostiene el experto del IGg.

Sin embargo, los estudios sobre turismo y sexo se han ampliado y han revelado que el fenómeno de interacciones va mucho más allá del turismo sexual. 

Por otra parte, aclara que dentro del turismo sexual se registra el fenómeno de la explotación o esclavitud sexual, que en sí no abarca a todo el turismo sexual, sino que es apenas una parte de este. El turismo sexual no consensuado es ilegal, e involucra a personas adultas o menores de edad, forzadas a ofrecer servicios sexuales. 

El papel de la liminalidad

El Dr. Álvaro López López descarta que haya factores únicos que propicien el turismo  sexual, “como si de repente algo determinara que hubiera elementos organizados previamente para que se generara esto, salvo las redes de prostitución forzada. En ese caso sí empleo la palabra prostitución, pero cuando el trabajo sexual es consentido, yo prefiero llamarlo comercio sexual, trabajo sexual o sexoservicio”, subraya.

Para el investigador universitario, el turismo sexual se caracteriza por la liminidad, un término empleado de manera frecuente en la geografía del turismo. De acuerdo con el especialista, cuando la persona sale de su ámbito cotidiano, viaja a otros lugares, “hay una circunstancia muy interesante”, en la que la gente rompe su rutina y, por lo tanto, sale de su cotidianidad. 

En nuestras prácticas habituales, repetimos ciertas tareas y acciones, tenemos determinadas actitudes, comportamientos, determinados por los límites culturales permitidos por una sociedad específica. 

En cambio, cuando salimos de ese ámbito cotidiano y viajamos y nos dirigimos a otro lugar, entramos a una fase conocida como liminal, “donde al estar viajando, no estás presionado en términos de tu tiempo, de tus tareas, de tus actividades, pero al mismo tiempo, en cierta medida, estás liberado, lejos de la gente que te puede juzgar, que vigila tus comportamientos, o que te sientes temeroso por hacer ciertas cosas”, abunda. 

Es así como en el ámbito de la liminidad que tiene el turismo, hay más facilidades para liberar ciertas actitudes y deseos. 

“Algo muy importante que me gustaría mencionarte es que una de las características constitutivas del ser humano es su sexualidad, no seríamos seres humanos si no tuviéramos una sexualidad, es decir, una construcción cultural del sexo”, aduce el Dr. López.  

Hemos elaborado diferentes formas de sexualidad, y esa sexualidad, cuando la gente viaja, “no la deja en un cajón, porque entonces dejaría de ser una persona. 

Cuando un ser humano viaja, se lleva todas sus costumbres, percepciones, ideas del mundo, y entre eso, acarrea con la sexualidad constitutiva de sí”, acota. 

Siendo individuos constitutivos con una sexualidad, esto es, una construcción cultural del sexo, lo que ocurre, mientras se viaja, es que se dan elementos liminales que permiten que la gente se libere de situaciones típicas en su lugar de vida cotidiana, que durante el turismo puede tener prácticas ligadas al sexo. 

“Por ejemplo, se ha visto que cuando las parejas viajan, aumenta la cantidad de interacciones sexuales. A veces contratan espacios, muy específicamente hoteles con ciertas características de infraestructura para fomentar las interacciones sexuales. Esas son formas de una relación entre sexo y turismo”, apunta el especialista del Instituto de Geografía. 

Variedad de escenarios

Otro escenario es el de los cruceros donde abundan personas solteras, que previsiblemente se prestan para una mayor interacción sexual; también se puede dar la visita a espectáculos de sexo en vivo o prácticas de tipo streaptease u otras donde el sexo está implicado. 

Agrega que hay países donde tienen más reguladas estas prácticas, mientras que otros tienen menos restricciones. Hay lugares donde se ve en forma negativa, mientras que en otros hay una situación asumida y aceptada por la sociedad. 

“Si tuviera que decirte qué factores fomentan el turismo sexual, en primer término se debe destacar que somos seres sexuados; cuando estamos en el turismo, los estudios han arrojado que la gente rompe una serie de limitaciones y de prejuicios; se siente más liberada”, puntualiza.

Las zonas tropicales, como el Caribe, el sureste asiático, África del este y del oeste, son percibidas culturalmente como muy ligadas a lo erótico. Se trata de regiones identificadas como espacios más proclives a la sexualidad, y erroneamente se piensa que las condiciones climáticas lo determinan. 

“Son una serie de elementos que influyen en que se construyan más espacios proclives a liberar ataduras por los lugares de origen. Quisiera quitar ese prejuicio de que turismo y sexo son sinónimo de algo negativo. Yo más bien diría que turismo y sexo son sinónimo del resultado de las condiciones propias de la dinámica turística, que facilita diferentes tipos de prácticas, que pueden ir desde circunstancias que pueden ser positivas para la gente que lo ejerce, hasta circunstancias muy negativas. Es una gama muy amplia”, explica el Dr. Álvaro López. 

Asimismo, hay una concatenación de elementos, por ejemplo, prestadores de servicios, agencias de viajes, hoteles, moteles, centros de espectáculos, que constituyen circuitos que propician el turismo sexual.

Dentro del turismo sexual, en el que hay un intercambio de dinero por servicios sexuales, los viajes ex profeso con esa finalidad se encuentran articulados, pero representan el menor porcentaje. La mayoría de las interacciones de turismo sexual, de intercambio de dinero por sexo, son circunstanciales, aunque hay redes tejidas en torno al comercio sexual, que es el objetivo del viaje. 

“Puede ser que desde antes de la salida, la persona busque en redes sociales, en páginas de internet, las redes establecidas específicamente para el ligue, para buscar a trabajadores o trabajadoras sexuales en determinado lugar. Otra forma es que llegando a los lugares de destino, la gente compre los diarios o publicaciones locales, donde sabe de personas que ofrecen sus servicios”, puntualiza. 

Una opción más es la de dirigirse específicamente a las zonas rojas de trabajo sexual, y como en cualquier lugar del mundo, contratar directamente a la gente. Por otra parte, hay quienes operan de manera independiente. 

“Es muy común también que haya personas llamadas escorts, que se autodenominan así para quitarse la carga negativa que tiene la prostitución o el comercio sexual, y que son personas en general con características fenotípicas más deseadas por un contexto tradicional del turismo. Se trata de personas musculosas en el caso de los varones o mujeres de cuerpos voluptuosos, desarrollados, trabajados en gimnasios, y que cobran más caro, se ofrecen en las páginas web, trabajan por su cuenta, y sirven de acompañantes a las personas”, describe.

A manera de conclusión, sostiene que prácticamente todo el entorno turístico tiene el potencial para fomentar las interacciones sexuales.

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