Los efectos del cambio climático en México
Ningún país está a salvo de los efectos que produce el cambio climático. México se encuentra en una situación vulnerable, que pone en riesgo la integridad física de la población y la viabilidad de numerosas actividades.
La acción humana es cada vez más evidente en el cambio climático que enfrenta el planeta. Por ello se requiere de una actitud contundente de los tomadores de decisiones para detener, paliar o atenuar las repercusiones negativas del calentamiento global.
Un caso: el mosquito del dengue
La Secretaría de Salud reporta que el virus del dengue llegó a México en los años 70 del siglo XX, siendo su vector la hembra del mosquito Aedes aegypti. Desde entonces, la enfermedad se ha ido extendiendo en las alas de este insecto, hasta llegar a alturas insospechadas.
Es probable que la incidencia del dengue en México esté relacionada con el incremento de las temperaturas ocasionado por el cambio climático. Y es que originalmente el insecto se limitaba a las cálidas zonas costeras del país, pero con el paso de los años ha ido subiendo hacia las altas mesetas centrales y norteñas. Al principio no se hallaba a más de 1,500 metros sobre el nivel del mar; sin embargo, ya se le ha encontrado hasta los 1,800 metros de altura. Y sigue subiendo.
“Ya hay casos de dengue en la periferia del Distrito Federal”, argumenta el doctor Carlos Gay García, quien es coordinador del Programa de Investigación en Cambio Climático de la UNAM (PINCC).
De acuerdo con el integrante del Panel Interguber-namental sobre Cambio Climático de la ONU (IPCC, por sus siglas en inglés), la proliferación del Aedes aegypti “no es cuestión de altura. Es un asunto de confort del mosquito: si se siente a gusto, puede subir. Tendrá que aletear más, porque el aire aquí es más ralo que a nivel del mar, pero se acostumbrará a hacerlo y subirá poco a poco. No es un avión que tiene un techo de 3,000 o 5,000 metros, es un mosquito que evoluciona y se va a acostumbrar. Vamos a tener problemas de salud por este tema”, advierte Gay García. Pero este no es el único caso.
Las sardinas del Pacífico
De acuerdo con un reporte emitido por el Instituto Nacional de Pesca (Inapesca), de la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural, Pesca y Ali-mentación, la captura de sardina en las costas del Pacífico ha tenido un notorio descenso.
Y es que entre 2011 y 2012 hubo una caída de hasta 57%, al pasar de las 70,000 toneladas a solo 44,208. La estimación de los especialistas del Inapesca es que las modificaciones climáticas han incidido en los hábitos de estos peces.
Al intercambiar información con investigadores de Estados Unidos y Canadá durante una década, se pudo detectar que hacia 1994 se registraron cardúmenes en las costas de Canadá, lo que incluso permitió que se emitieran hasta 50 permisos de pesca. Sin embargo, para 2012, la variación en las condiciones ambientales empujó a la desaparición de los bancos.
Curiosamente, en las costas de Oregon y Washington, en el noroeste de Estados Unidos, se dio una situación distinta, al incrementarse la explotación de la sardina; para investigadores que han tratado de explicar esta situación, la razón de fondo es el cambio climático, que ha hecho mudar los hábitos de esta especie.
A través de un reporte emitido por la Agencia Iberoamericana para la Difusión de la Ciencia y la Tecnología, los especialistas indicaron que “los cambios en los ecosistemas son muy rápidos, y la manera de obtener resultados es observarlos de manera continua para no perder la información. Hemos identificado que los cambios del clima y ecosistemas de la corriente de California han impactado en este tipo de especie marina, y se propondrá un reporte de captura en cada nación, planes regionales para protegerla así como estudios de investigación para que las tres naciones compartan información y realicen un plan a fin de que el recurso pesquero mantenga su población”.
Afectaciones a la agricultura
De vuelta con el doctor Gay García, nos explica que los cambios en los patrones del clima tendrán serias repercusiones para nuestro país. “En México se vería todo afectado. Por ejemplo, en el campo disminuiría la agricultura de temporal, porque la lluvia depende de alguna forma de la temperatura. Muchos escenarios apuntan a que la precipitación disminuiría en casi todo el país”, indica el también ex director del Centro de Ciencias de la Atmósfera de la UNAM.
Gay García destaca que a pesar de que buena parte del territorio se ubica en el rango de la aridez o semiaridez, se practica la agricultura de autoconsumo, que se vería seriamente comprometida al alterarse el ciclo del agua. Es posible que incluso desaparezca esta actividad.
Pero eso no es todo, ya que el doctor Gay advierte que “el resto de la agricultura se vería muy afectada también, así sea de forma indirecta. En México tenemos previsiones sobre los sitios en los que la precipitación va a disminuir. Uno de esos lugares puede ser el Valle de México, porque hay zonas que son muy secas y otras que lo son menos, como la cordillera de Las Cruces, en el poniente de la ciudad, esa parte que se inunda cuando llueve es más seca. Esos contrastes pueden aumentar”.
En síntesis, la precipitación se vería afectada, y al modificarse este factor, “todo lo demás también se vería alterado, ya que depende de la precipitación. Lavarnos los dientes en la mañana depende si tenemos agua o no, no hablemos ya de bañarse o de otras tareas”, remata el director del PINCC.
Un problema vital: la disponibilidad del agua
Para el doctor Gay, es un hecho que el ciclo del agua se va a ver modificado por el calentamiento global. “En México probablemente tendamos a tener menos agua disponible”, acota. Y a esa situación se debe agregar el factor demográfico, con una población en continuo crecimiento, lo que pondrá a prueba la capacidad de los organismos gestores de los recursos hidráulicos para dotar del líquido a la población.
El integrante del IPCC avizora que “primero tendremos una crisis inmediata de los alimentos para aquellos que comen de lo que les cae. También podría haber una crisis más mediata para aquellos que les llega la comida por otros lados o que dependen del riego”.
Pero el agua también es un importante componente del andamiaje económico del país. Es indispensable en la industria y en la prestación de servicios. “Toda aquella industria que depende del agua, va a ser afectada”.
Por ello, conmina a que se tomen medidas como el almacenamiento del líquido: “Tenemos que guardar la mayor cantidad que se pueda. No se puede ir tontamente desperdiciando el agua”.
Sostiene que con una mayor temperatura, se incrementa la evaporación, y, paradójicamente, “esta evaporación puede estar anulando los efectos de un incremento de la precipitación. Esto quiere decir que nos quedamos a mano, pero lo que no podemos hacer es seguir incrementando la demanda por el bien, porque quiere decir que aunque la cantidad no se viera muy afectada, pues seguimos incrementando la demanda para producción industrial, para usos comerciales, usos domésticos y agricultura, hasta llegar a un déficit. Es una fórmula perfecta para entrar a una crisis del agua”.
Y advierte que si no cambiamos nuestra manera de ver al planeta, “si nos seguimos creyendo que estos son recursos infinitos, que por todos lados los vamos a tener, estamos en la completa equivocación”.
El coordinador del PINCC aconseja impulsar más investigación en México, “porque nadie va a venir a arreglar los problemas”. Si bien acepta que ya hay estudios, “que no son necesariamente mexicanos, nos dicen que vamos a ser los primeros en tener problemas. Pero nadie nos va a venir a decir qué hacer. A menos que lo paguemos. Pero mejor paguemos para educar y entrenar a los mexicanos para que sean capaces de decirnos eso, que ese dinero se quede en el país y no en una consultora”, concluye.
por Yassir Zárate Méndez



